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Ángel Luis Cervera Fantoni
Economista, sociólogo y doctorando en Historia Social

Manuel Cervera Fantoni
Coronel de Intendencia de la Armada Española

Wayne A. Lydick
Capitán de Corbeta (USN) retirado

 

casa_donde_nacio_cervera.jpgPascual Cervera Topete nació el 18 de febrero de 1839 en Medina Sidonia (Cádiz). Su padre fue oficial del Ejército que luchó contra las tropas de Napoleón durante la guerra de la Independencia.

Cuando sólo contaba 13 años de edad, ingresó en el Colegio Naval. Durante su primer viaje a La Habana, fue promovido a Guardiamarina de primera clase en 1858. Cuando cumplió 21 años recibió el despacho de Alférez de Navío.

Posteriormente fue enviado a las Filipinas, donde estuvo a las órdenes del Almirante Casto Méndez Núñez (héroe en el combate naval del Callao). Luchó contra los moros malayos y a punto estuvo de perder la vida durante el asalto a la Cotta o fuerte de Pagalugan. Durante esta acción de guerra, la primera en la que tomó parte, capturó una bandera que portaba el enemigo. Fue promovido a la graduación de Teniente de Navío en atención a los méritos contraídos durante la guerra.

Continuó en Filipinas llevando a cabo trabajos de hidrografía y levantando cartas de los centenares de islas del archipiélago. Muchas de esas cartas fueron de gran importancia para los navegantes de aquellas aguas hasta bien entrada la segunda década del siglo siguiente. En 1865 regresó a la península, a su tierra natal, y contrajo matrimonio.

Pasaron varios años en los que la inestabilidad política alcanzó niveles insospechados. En 1868, la Reina Isabel II fue destronada, iniciándose el nacimiento de la Primera República que trajo desórdenes en una época convulsa y turbulenta en la historia de España. A pesar del parentesco que le unía al Almirante Topete, no quiso tomar parte en la revolución, reconociendo los hechos consumados y sirviendo lealmente en los puestos que le confiaron, algunos de los cuales eran destinos de responsabilidad superior a la que le correspondía por su graduación militar.

Asimismo, tuvo que afrontar, no sin riesgo para su vida, algunas situaciones muy complicadas, como la revolución cantonal en Cartagena (Murcia). Posteriormente fue enviado de nuevo a Filipinas en donde desempeñó diversos destinos, tales como el mando de la corbeta Santa Lucía, en donde de nuevo tuvo que intervenir en acciones de guerra con ocasión de múltiples operaciones militares, especialmente en Mindanao, donde su actuación fue de nuevo de gran brillantez.

En 1876 fue nombrado primer Gobernador del archipiélago de Joló, con el grado de Coronel de Infantería de Marina. Las duras condiciones de vida allí le hicieron contraer la malaria, enfermedad de la que a punto estuvo de morir. Nunca resignó su mando ni abdicó de sus obligaciones, a pesar de que había recibido permiso para hacerlo, pues era su creencia que las órdenes militares habían de llevarse a cabo incluso hasta el punto del sacrificio de la propia vida si fuera necesario.

Cuando regresó a España, el Presidente del Consejo de Ministros, Cánovas del Castillo, lo llamó a Madrid para que le informara con precisión acerca de la situación en Filipinas. Por aquél entonces, la Monarquía había sido de nuevo reinstaurada en la persona del Príncipe Alfonso XII una vez transcurridos el periodo republicano y la regencia de D. Amadeo I de Saboya.

Cánovas solicitó a Cervera que aceptara en Madrid un destino en el Ministerio de Marina. Sin embargo, no se sentía cómodo con la idea de quedarse en Madrid, dado que su vocación de hombre de mar se encontraba a bordo de los barcos, y no en tierra.

pascual_cervera1890.jpgLa familia Cervera y su estilo de vida estaban caracterizados por un profundo sentido de la austeridad en todos sus actos. Durante su estancia en Madrid, toda la familia se levantaba a las 6 de la mañana, ayudando a sus hijos con sus lecciones escolares hasta las 9 horas, en que marchaba para su despacho y los niños al colegio.

Por las tardes volvía de nuevo a continuar ayudando a sus hijos con las lecciones escolares, explicándoles lo que no entendían, y una vez cenados, leía libros profesionales o se daba un paseo hasta las 10 de la noche, hora en que se retiraba a descansar.

Sus aficiones siempre estaban relacionadas con la familia. Le gustaba escuchar música, pero fue sólo con ocasión de la boda del Rey Don Alfonso XII con Doña María de las Mercedes de Orleáns que se permitió el “exceso” de ir al teatro en la tarde del 23 de enero de 1878. Tal era su carácter en estos temas, que incluso le llevaban a ser optimista en medio de las privaciones que su sueldo de Oficial de Marina le propiciaban, y a las que estaba acostumbrado.

Recibió el mando de la corbeta Ferrolana, buque escuela de Guardiamarinas, a mediados de 1879. A finales de 1880 desembarcó y pasó como Comandante Militar de Marina de Cartagena.

De 1885 a 1890 presidió la Comisión Constructora del acorazado Pelayo, del que posteriormente sería su primer Comandante. En este destino tuvo que luchar tenazmente contra los lentos procesos burocráticos que constantemente imponían retrasos en la botadura y entrega del buque a la Marina.

La Reina Regente Doña María Cristina, viuda de Don Alfonso XII y madre del joven Alfonso XIII, lo llamó personalmente a la Corte para que le sirviese como Ayudante de Cámara y asesor naval. Era el 3 de mayo de 1891. A finales del año siguiente, fue ascendido a Capitán de Navío de Primera Clase (hoy Contralmirante) y nombrado Director Técnico y Administrativo de los Astilleros del Nervión, contratados para llevar a cabo la finalización de la construcción de los tres cruceros acorazados de la clase Vizcaya (junto con el Infanta María Teresa y Almirante Oquendo). Fue deseo personal de la Reina que Cervera desempeñara este puesto de responsabilidad.

pascual_cervera1892.jpgDurante aquellos días fue requerido por el líder del Partido Liberal, Segismundo Moret, para proponerle ser Ministro de Marina en cuanto cayese el Partido Conservador, que entonces estaba en el poder. Cervera, que rechazaba todo cargo público, contestó con evasivas a Moret, dándole razones como “…no es conveniente para ningún Gobierno tenerme a mí de Ministro… …como modesto Oficial de Marina creo que podría ser de más valor, mandando Escuadras, Departamentos Navales o cualquier otro destino que no tenga carácter político…”, pero insistieron a pesar de todo.

El Primer Ministro, Práxedes Mateo Sagasta, le comentó a la Reina que no tenía ningún Ministro “de categoría” para la cartera de Marina, y ella apuntó el nombre de Cervera, su antiguo Ayudante, como el hombre más adecuado, insinuando a Sagasta que diese la orden a Cervera “bajo el peso de su real deseo”, de tal suerte que el leal Cervera no pudiera oponer resistencia.

Cervera se sintió muy contrariado cuando se le requirió para tan alto cargo pues preveía todo lo que se le venía encima y en un ambiente tan apartado del mundo militar que tan bien conocía y amaba. Finalmente aceptó, pero con una única condición: que no se le redujese el presupuesto de Marina ni un solo céntimo. Y así le fue prometido bajo palabra de honor por el Primer Ministro. De esta manera, Cervera, que por aquél entonces ya era Contralmirante, pasó a desempeñar la cartera ministerial desde la más baja graduación del generalato, cuando la práctica habitual era la de nombrar para este cargo a Almirantes de mayor graduación y antigüedad.

La promesa del Primer Ministro no se mantuvo, reduciéndose el presupuesto de Marina para el año fiscal 1893-1894 en casi dos millones de pesetas, una cifra considerable para la época. Cervera, que ya de por sí había reducido al mínimo admisible el presupuesto de Marina, no podía aceptar tales cambios e inmediatamente presentó su dimisión al Gobierno, y no sólo una, sino hasta tres veces.

La vida “política” de Cervera duró solamente tres meses. Su carácter libre e independiente no le permitía continuar con una función para la que, de acuerdo con sus propias palabras, “no había sido preparado”, aparte del hecho que comprendía que la política errónea del Gobierno solamente podría llevar a la Nación a la bancarrota.

En septiembre de 1893 fue nombrado Jefe de la Comisión Naval en Londres. Profesionalmente éste era un destino de gran interés, puesto que significaba ponerse al día y conocer las últimas técnicas en construcción naval de la época. Durante su estancia allí, en la mitad de 1895, comenzó la guerra en Cuba.

Preliminares de la Guerra

Los líderes independentistas cubanos Gómez y Maceo hostigaban de forma continua al ejército español con sus partidas en la Isla, recibiendo apoyo constante de los Estados Unidos, que ya habían mostrado su interés en comprar Cuba a España por 100 millones de pesos, a lo que ésta se negó, optando por la guerra, sabiendo de antemano que habría de perderla caso de declararse la guerra.

redaccion_periodico_1898.jpgPara sofocar la rebelión en Cuba, el Gobierno envió al General Valeriano Weyler en 1896 a la Habana para imponer una férrea y represiva política. Maceo perdió la vida el 7 de diciembre de ese año, y la prensa norteamericana -con Pulitzer y Hearst a la cabeza-, se encargó de exagerar las crueldades cometidas por los españoles dirigidos por Weyler.

Todo esto ensombrecía cada vez más el panorama social y político, aunque en España coexistían dos versiones de la cuestión cubana. La España oficial, que conocía muy bien que en caso de conflicto con los Estados Unidos, no habría la más mínima posibilidad de victoria, y por otra parte la España real, que vivía tranquila y confiada, no admitiendo los hechos y confiando en una victoria militar. El periodista y escritor Manuel Vázquez Montalbán llegó a decir que “mientras la prensa en los Estados Unidos distorsionaba las noticias para ayudar a ganar la guerra, la prensa española hacía lo mismo, pero para perderla”.

El asesinato de Cánovas del Castillo, y las subsiguientes modificaciones en los Gobiernos, cambiaron completamente el curso de los acontecimientos. El General Valeriano Weyler fue relevado por el General Ramón Blanco en octubre de 1897. Blanco ofreció la autonomía a Cuba, pero ya era demasiado tarde puesto que los cubanos estaban determinados a alcanzar su independencia.

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