Introducción

Existen pocas figuras de la segunda mitad del siglo XIX que contengan tantos atractivos para su estudio como la del Almirante Pascual Cervera Topete, a quien como marino, las circunstancias arrastraron a vivir directamente el desastre naval de Santiago de Cuba y sus consecuencias posteriores, que de modo tan directo influyeron en el devenir de España, de Cuba y de los Estados Unidos.

Pero Cervera fue mucho más que eso: marino, compañero de batallas de Méndez Núñez, Malcampo o Lobo; defensor de la legalidad constitucional frente al levantamiento cantonal, ayudante de la Reina Regente, gobernador militar y administrativo de territorios alejados de la metrópoli, gestor militar de astilleros, ministro de Marina, senador,… pero sobre todo fue un ejemplo de conducta y del cumplimiento del deber, valores que hoy en el siglo XXI asociaríamos a comportamientos éticos.

Su espíritu abierto lo combinó con una prudencia y una diplomacia respetada por sus compañeros de armas, tanto en España, como fuera de ella. Su sensatez venía dada por un análisis realista de cada situación. Cuanto más se lee acerca de sus pensamientos o profundiza en torno a sus reflexiones, más emerge la figura del hombre sencillo, pero con gran sabiduría y temple. Huyó siempre de la política y de los corrillos palaciegos, y se enfrentó abiertamente a la gravedad de su mando de la escuadra en el 98. El pesimismo que se le ha atribuido en ocasiones no es otra cosa que su profundo conocimiento de la realidad, que se encontraba muy por encima de los despachos y cafetines de Madrid.

Cervera  fue un ejemplo de conducta y del cumplimiento del deber, valores que hoy en el siglo XXI asociaríamos a comportamientos éticos.

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No deja de ser irónico que tuviera un pensamiento avanzado para su época respecto a la independencia de Cuba, al preguntarse si valía la pena una contienda que tantos problemas causaría a España “por defender una isla que fue nuestra y que ya no nos pertenece, porque aun cuando no la perdiéramos de derecho con la guerra la tenemos perdida de hecho y con ella toda nuestra riqueza y una enorme cifra de hombres jóvenes, víctimas del clima y de las balas defendiendo un ideal que ya sólo es romántico” (Carta de Cervera al Ministro Segismundo Bermejo, el 26 de febrero de 1898).

En la hoja de servicios de Pascual Cervera Topete consta que, de los setenta años que vivió, dedicó más de 56 años de su vida al servicio efectivo en la Armada Española y a las puertas de su muerte, volvió a defender a todos sus hombres, declarando: “No ha habido una sola vez en que haya hecho un llamamiento al honor y al deber de mis marineros y que éstos no hayan respondido plenamente a mi apelación, y que si alguna falta pudo haber, nunca fue de ellos, sino mía”.