Buceando por primera vez en el Colón

Bucear en el Colón fue para mí un auténtico reto; no lo conseguí hasta mi tercer viaje a Cuba, en 1996. En aquél tiempo vivía obsesionado con ver con mis ojos aquel misterioso barco hundido en aquella remota playa del oriente cubano.

La sensación es difícil de describir, pero ver el Colón y tocarlo con mi propia mano (recuerdo incluso que me quité el guante) fue sin duda ver el pasado y tocar la Historia…

El autor, sujetando uno de los cañones Nordenfelt que armaba el crucero Colón.

A partir de aquella experiencia, me propuse conocerlo mejor y conocer todos los hechos relacionados con él…

Mucho se ha escrito de este Crucero de bandera española, aunque de construcción y diseño italiano. El proyecto de refuerzo de la marina de guerra vino dado por el crédito extraordinario concedido para atenciones de guerra y marina de la isla de Cuba en marzo de 1896. Dicho proyecto pretendía la adquisición de un Acorazado y 2 Cruceros acorazados cuya construcción fue encargada a otras naciones.

En la práctica sólo se compró un Crucero acorazado, nuestro protagonista, el Cristóbal Colón. El Congreso dio su aprobación para la compra de un Crucero que construía la casa Ansaldo & Cía. para la Regia Marina italiana, en los Astilleros Ansaldo Sestri Ponente de Génova.

El diseño del más moderno y eficaz Crucero acorazado del momento estuvo a cargo de Benedetto Brin, y estaba basado en tres características fundamentales:

  • Capacidad de asumir cometidos propios de un Crucero acorazado.
  • Utilidad estratégica, con un fuerte armamento y una coraza eficaz.
  • Posibilidad de confrontación con unidades mayores, gracias a su velocidad y la gran capacidad de fuego de sus cañones de tiro rápido.

La primera unidad de esta serie, llamada Clase Garibaldi fue puesta en el mar en 1893. Se construyeron un total de 10 unidades que sirvieron con más o menos fortuna en las marinas de guerra argentina, italiana, española y japonesa; precisamente ésta última dispuso de dos unidades que combatieron con éxito en la guerra ruso-japonesa de 1905.

El Colón debía haberse llamado Giuseppe Garibaldi, pero tras su adquisición por el Gobierno español se le rebautizó como Cristóbal Colón, como el insigne almirante genovés que 404 años antes había descubierto el continente americano para la corona española.

Fue botado tras varios intentos un 16 de septiembre de 1896, a las 9 de la mañana en el puerto de Génova, sin su artillería de grueso calibre, los dos cañones Armstrong de 254mm., que debían ir emplazados en proa y popa. Éstos no satisficieron las expectativas de las autoridades españolas y finalmente no fueron instalados. La entrega del barco se hizo al Gobierno español el 19 de mayo de 1897.

Tras diversas pruebas de velocidad, marcha y contramarcha para evaluar la capacidad de respuesta de sus 24 calderas Niclause que daban 13.000 caballos de potencia, esa mole de acero níquel de 6.840 toneladas conseguía la impresionante velocidad (para la época) de 21 nudos. España estuvo a punto de adquirir una segunda unidad de la misma clase que el Colón, y que habría de llamarse Pedro de Aragón, pero nunca llegó a materializarse.

La breve, pero intensa vida del crucero italiano antes de su partida a su fatal destino en aguas caribeñas, incluyó varios puertos españoles (Ferrol, Santa Pola) y uno portugués (Lisboa).

Nubarrones de guerra teñían de gris oscuro el panorama entre España y los EE.UU., y ante la ceguera de los políticos y marinos de Madrid, el almirante Cervera fue obligado a partir hacia su destino fatal, el 29 de abril de 1898. Madrid había dado luz verde al desastre, se había sentenciado a muerte una escuadra y a miles de hombres, y con ellos, a nuestro protagonista, el Cristóbal Colón…

En lo que a mí se refiere, soy buzo y no historiador. Cuando lo vi por primera vez con mis ojos y lo toqué tuve la sensación de “ver el pasado y tocar la historia”…

El Colón como hilo conductor me ha permitido conocer ese apasionante momento que le tocó vivir como protagonista de la guerra hispano-cubano-norteamericana, y que supuso un antes y un después en mi vida. Hoy, 14 años después de mi primer viaje a Cuba, puedo afirmar sin ningún rubor que el Colón es mi amor cubano…

La historia nos regaló a los buzos el pecio más increíble y maravilloso que existe en el mundo. Hay barcos mejores para el buceo deportivo, sin duda, pero con la historia de éste no lo creo.

El Colón nació en tiempos de guerra como preámbulo de su corta vida, pero cual ave fénix que renace de sus cenizas hoy, a 110 años de su hundimiento, lo admiramos y sentimos más vivo que nunca…

En la primera imagen se observa la proa de un barco contemporáneo del Colón, el Crucero Princesa de Asturias, el día de su botadura en el Arsenal de la Carraca, el 17 de octubre de 1896. En la segunda aparece la proa del Colón en 2008, y en la que se le distingue igualmente su disposición en forma de espolón, reminiscencia de la construcción naval del siglo XIX.

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